El Jueves Santo, los apóstoles son los niños y los ancianos

Este día es conmemorado en Quito con la Misa Crismal; para comprender la importancia de este evento hay que recordar lo que sucedió el Jueves Santo. Día en que Jesucristo reunió a sus discípulos y en signo de humildad se retiró su manto, símbolo de maestro, se amarró una toalla a la cintura y lavó los pies de sus discípulos.

Luego se cumple el rito propio de los judíos que era la Cena de Pascua en la que se conmemoraba la salida del pueblo judío de Egipto, durante la cual se comía cordero junto con una salsa blanca y hierbas amargas. La salsa blanca en recuerdo de la mezcla que sirvió para unir los ladrillos de Israel, y las hierbas amargas en memoria de los años de amargura y esclavitud del pueblo judío en Egipto. Se tomaba también dos copas de vino y pan ácimo (pan sin levadura) pues el pueblo en la apresurada salida de Egipto, no tuvo tiempo para hacer leudar el pan.

En la Última Cena, Jesucristo tomó el pan ácimo y la copa de vino e instituyó la Nueva Alianza: en la que Jesús es el cordero pascual. Entonces tomó el pan, lo bendijo, lo partió y lo entregó a los discípulos diciendo “este es mi cuerpo que será entregado por ustedes”. La copa de vino es el cáliz de la Nueva y Eterna Alianza “que será derramada por ustedes y por todos para el perdón de los pecados”, es aquí cuando se instituye la Eucaristía o Santa Comunión, que es la parte principal del servicio religioso en el catolicismo cuando se recuerda la transformación del cuerpo y la sangre de Cristo en el pan y el vino y el paso de Jesucristo hacia el Padre.

Las palabras del fallecido papa Juan Pablo II, en el Jueves Santo del año 2002 aclaran aún más la dimensión de esta jornada de recordación para la religión católica: “ ¡Qué grande es para nosotros este día! El Jueves Santo, Jesús nos convirtió en ministros de su presencia sacramental entre los hombres. Puso en nuestras manos su perdón y su misericordia, y nos hizo el regalo de su sacerdocio para siempre.”

En este día se ofrecen misas para que los fieles puedan comulgar y recibir a Cristo. Por la tarde, en la tradición quiteña se visitan siete monumentos (iglesias que adornan sus altares con telas, damascos, platería, se coloca un tabernáculo y en su centro el copón con las hostias como recuerdo de que Jesús ha sido tomado preso) para recordar los pasos en que Cristo fue ajusticiado en su ir de Herodes a Pilatos.

Para recibir la comunión y recibir así a Jesucristo, se realizan misas a lo largo de la tarde del jueves, luego se visita los siete monumentos, es decir las iglesias, para recordar los pasos en que Cristo fue ajusticiado en su ir de Herodes a Pilatos. Tras la misa de las seis mueren las campanas que ya no repicarán más sino hasta el Sábado Santo por la noche durante la Vigilia Pascual en honor a Cristo.

En el Centro Histórico alrededor de 40 iglesias exhiben sus altares con sus mejores galas en la noche del Jueves Santo.

Un recorrido por los templos

Santa Catalina de Siena

Es un monasterio que data del siglo XVII y que tras su restauración luce como si hubiese sido construido en estos tiempos. Este templo abre sus puertas a los devotos únicamente el Jueves Santo y los domingos para la celebración de la misa.

Al fondo del templo, el “monumento” se ubica bajo el baldaquino, una estructura de cuatro columnas altas con un dosel utilizado para proteger al altar mayor. Este baldaquino llegó a Santa Catalina de pura coincidencia, pues originalmente fue traído de Roma para colocarlo en la Catedral de Quito pero, por ser tan alto, no hubo manera de meterlo y Santa Catalina lo acogió.

El Jueves Santo, bajo el baldaquino se despliega un enorme telar de fondo, delante de la misma se ubica la figura de Cristo crucificado, una obra de Víctor Mideros, el pintor “tradicionalista” más importante del siglo XX. Jesús en la cruz y la escultura de la Virgen Dolorosa que data del siglo XVIII, conforman la imagen de la representación de la tercera palabra pronunciada durante el Calvario: “Mujer, he ahí a tu hijo. Hijo, he ahí a tu madre”. Ambas imágenes retornan al museo de Santa Catalina al día siguiente.

Santo Domingo

En el templo de Santo Domingo el “monumento” se coloca en la Capilla del Rosario, considerada como una de las más bellas iglesias coloniales. Un antiguo retablo que data del siglo XVII, recubierto en pan de oro, que cubre la pared del fondo de esta pequeña capilla, que en la actualidad fue restaurada en tonos rojo y oro.

El Jueves Santo, el altar se cubre con un telón de color morado (color de la penitencia) que se devela tras la misa de la Última Cena; ceremonia en la que participan niños de la parroquia vestidos con túnicas de colores representando a los apóstoles. Los infantes se colocan al pie del Altar Mayor en dos hileras enfrentadas, que representa el momento en el que Jesús lavó los pies de sus discípulos.

En la misa participa también la Fraternidad de Hermanos Nazarenos, 35 miembros de la comunidad que llevan una túnica morada y se colocan en filas a ambos costados para teatralizar la ceremonia. Al terminar la ceremonia, los nazarenos forman un corredor de honor para la procesión del Santísimo Sacramento desde el altar mayor hasta la Capilla del Rosario. Al tiempo que se inicia este recorrido, cae el telón púrpura en la Capilla.

San Francisco

Durante el Jueves Santo las tres naves de la Iglesia de San Francisco se llenan de fieles que acuden por la eucaristía. El altar mayor exhibe varios sagrarios de plata de gran tamaño que pertenecen a los siglos XVII y XVIII. Los sagrarios son cofres de formas diversas, que almacenan el copón, las hostias y el vino de consagrar para la comunión. Sin duda, el altar mayor de San Francisco tiene una decoración exuberante. Lleva tiempo captar todos sus elementos y símbolos.

El momento cumbre de la liturgia es cuando el sacerdote, quien representa a Jesús, lava los pies a los discípulos, representados por personas de la tercera edad. El sacerdote, al igual que Jesús, lleva una toalla al cinto, se inclina frente a cada apóstol, moja sus pies con el agua, los seca y los besa, “en señal de humildad”, relata la Biblia. La escena es maravillosa, provoca llantos y suspiros contenidos. La misa termina con la bendición.

Santa Clara

El Carmen Alto: Este claustro abre sus puertas solo los domingos para el desarrollo de la misa y la tarde del Jueves Santo, cuando el altar mayor es adornado con palmas, flores y velas para elevarlo a “monumento”.

El Carmen Bajo: En Jueves Santo, los visitantes pueden admirar el templo y participar en la eucaristía entre las 16:00 y las 18:00.

La Basílica del Voto Nacional: en este santuario la ceremonia del Lavatorio de Pies se inicia a las 18:00.