La Semana Santa en el Quito Colonial
La Semana Santa quiteña desde la Colonia hasta nuestros días
La Semana Santa quiteña se convirtió en uno de los acontecimientos más vistosos y de mayor convocatoria luego de que Quito se estableciera como ciudad, de hecho, toda la ciudad participaba en ella ¡Nadie quedaba fuera de este gran evento!, según comenta Alfonso Ortíz Crespo, investigador dedicado a la historia de Quito y autor de un estudio sobre la Semana Santa colonial.
En su investigación, Alfonso Ortiz no identifica con exactitud cuándo empezó la tradición de la Semana Santa, pero presume que desde el siglo XVI se realizaban estas procesiones de manera muy sencilla. El investigador explica que desde entonces, toda la semana -día tras día desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección- había procesiones en que participaban todos los barrios y cofradías. "Podemos hablar de una fiesta ya fortalecida en el siglo XVIII, una consolidación incluyente en que ya había una concentración de todos los grupos sociales (indios, mestizos y españoles) y la apertura a las manifestaciones públicas de todos, siempre que guarden su sitio y su lugar, porque así está organizada la sociedad."
"Mil almas santas encabezaban la procesión... un cortejo de músicos enmascarados vestidos de morado... una muchedumbre de negros vestidos uniformemente con trajes azul rey... dos hileras de monjes... una multitud de individuos ataviados con indumentarias variopintas armados de palos, sables, espadas, lanzas y linterna en mano. Éstos representaban a los judíos..." La descripción pertenece a la obra del notable naturalista francés Alcide D’Orbigny, quien en su libro Viaje pintoresco por las dos Américas, consignó en páginas impregnadas de asombro el testimonio de otro ciudadano europeo, Raigecourt, recogido en 1841 sobre la Semana Santa quiteña.
A mediados del siglo XIX, esta ceremonia fue suprimida por José María Urbina, presidente ecuatoriano, que se vio impulsado por un acercamiento con la ideología liberal. Aproximadamente 20 años después, el presidente Gabriel García Moreno restituyó esta tradición y las cofradías vuelven a sacar sus imágenes religiosas y la procesión del Viernes Santo se consolida como la más importante, pues recoge todos los pasos de la pasión del Señor.
Durante la procesión de Viernes Santo, los fieles llevaban en sus hombros el anda de la escultura de Jesús del Gran Poder, acompañado de un cirineo, un hombre que hacía las veces del ciudadano de Cirene quien habría ayudado a Cristo a cargar la cruz. Cabe resaltar que la escultura de Jesús del Gran Poder pertenece al templo de San Francisco y es la misma figura que se usa actualmente en la procesión.
Con la revolución liberal a fines del siglo XIX todo esto desaparece y el Estado incluso persigue a las manifestaciones públicas de fe, pues se trata de un Estado laico que no puede permitir privilegios para estas manifestaciones religiosas. Alfonso Ortiz cuenta que en aquél entonces la policía y la caballería atacaba a la gente para disolver las procesiones. Así transcurre la primera mitad del siglo XX hasta que llega al poder José María Velasco Ibarra, una figura de leyenda en la política ecuatoriana, que promueve una reconciliación con la porción católica de la población y con la Iglesia. De modo que en 1960, cuando los franciscanos restauran a la iglesia la imagen de Jesús del Gran Poder que hasta entonces estaba en un museo, crece la devoción y se recupera la procesión del Viernes Santo en Quito, si bien con muy pocos elementos de la tradición colonial.