El sentido original de la Semana Santa

Como se conoce, el crecimiento del protestantismo a partir del siglo XVI y la ruptura de Roma con Alemania, Inglaterra y otros países, plantea a la iglesia católica la necesidad de recuperar su prestigio. Alfonso Ortiz nos recuerda que esto se hace con mucha ceremonia, pompa y celebración. A la fastuosidad del ritual católico, se añade la teatralización de los pasajes bíblicos, que ya tenía antecedentes en Europa medieval, y ambos factores se traen a América.

La fórmula se había materializado eficazmente en las procesiones de Semana Santa en tierra de moros: Andalucía y Sevilla; y calan muy bien en el espíritu americano y particularmente en regiones con alta población indígena como Quito, pues a esa población le atrae mucho el colorido, las luces, el oro, los movimientos, la teatralidad... Ortiz precisa que en Quito las procesiones se hacen prácticamente desde el inicio de la vida de la ciudad, con el interés de “incorporar a la población activamente en las devociones”, pues siempre estaba el peligro latente de que en una sociedad básicamente analfabeta, tanto mestizos como indígenas desarrollen “prácticas religiosas heterodoxas donde se mezclen cosas y puedan deslizarse luego al paganismo”...

Las procesiones y liturgias de la Semana Santa abren la posibilidad de que la gente que ordinariamente pasaba desapercibida en sociedad, se manifestara públicamente. Los indios desfilan en las procesiones, así como los mestizos, los gremios de artesanos, zapateros, pintores, plateros... Todos los grupos se muestran y si bien siempre guardan la jerarquía, cada núcleo social exhibe su poder y su posición dentro de la sociedad.

Sobre el sentido de la Semana Santa, la historiadora del arte Carmen Fernández explica en la revista Patrimonio de Quito de junio de 2005 que “el espectáculo que se mostraba (esta suerte de teatro religioso), tanto ante los neófitos como ante los cristianos conversos generaba sentimientos de empatía que se esperaba llevaran tanto a la conversión de los unos, como al fortalecimiento de la fe de los otros. Incluir a indígenas como actores, combinando muchas veces prácticas prehispánicas como la danza y el canto con la narrativa cristiana, permitía integración de grupos subordinados a la comunidad cristiana.”

Fernández asegura que “El teatro religioso formó parte de la cotidianidad y del ritual público en las ciudades coloniales.” Mucho se ha dicho sobre la función y los efectos del ritual en la sociedad y la historiadora Fernández rescata uno de estos aspectos: “El ritual tiene la capacidad de alterar cosas y lugares ordinarios confiriéndoles un carácter sagrado.” Para aumentar el dramatismo y realismo del momento, la puesta en escena de la pasión del Señor Jesucristo utilizaba figuras escultóricas articuladas -particularmente de Jesús- que lo mostraban primero en la cruz y luego como Cristo yacente (la ceremonia del descendimiento aún toma lugar en varios templos de Quito y se vale de estas esculturas que se ‘mueven’).